Crecí creyendo que el cariño se ganaba cumpliendo, destacando y no fallando. Aprendí a seguir adelante incluso cuando mi cuerpo ya estaba pidiendo otra cosa.
Tardé en entender que mi valor no dependía de lo que hacía, sino de lo que soy. Y que muchas de las respuestas que buscaba fuera llevaban tiempo esperándome dentro.
Ese camino me llevó a explorar el cuerpo, la naturaleza, la energía y la fuerza de la comunidad. Transformando mi manera de entender la vida y de relacionarme con el mundo.
Hoy acompaño a otras mujeres desde la presencia, la escucha profunda y el respeto. Me gusta crear espacios donde una mujer pueda empezar a habitarse desde un lugar más humano y amoroso.